viernes, 21 de diciembre de 2012
Ojo por ojo, diente por diente
Quizás lo que voy a exponer en este artículo sea duro, y de hecho lo es. Como la mente nunca está quieta te hace pensar muchas cosas, y a veces pensamientos que no corresponde a tu forma de ser ni a tu carácter.
Este proceder no puede ni estará nunca justificado. Lo que te hace actuar así es la complejidad en que se ha envuelto este mundo, que ha sobrepasado todos los límites aceptables de la razón. Es injustificado el grado de deterioro que tiene el planeta, sin que se le vea una salida paulatina a sus males. Es fácil saber quien tiene la llave para ir solucionando los graves problemas del planeta, pero los que de verdad tienen esa facultad que son los Gobiernos hacen oídos sordos, y miran a otro lado sin ningún pudor diciendo para sus adentros que, ¡a mí no me concierne! ¡Claro!, como ellos no están en primera línea de fuego, que apechuguen otros, pero es muy fácil decirlo y así se sacuden el polvo, pero nadie tiene la valentía de levantar la voz, y decir: ¡basta ya! y coger el toro por los cuernos.
Cuando se dice equivocadamente, ¡hay que ver este mundo!, esta afirmación no es exacta, pues el mundo de por sí no hace nada, sino los seres que poblamos la tierra, que no se dan cuenta o no quieren darse cuenta del gran error de no ponerse de acuerdo en estos momentos tan críticos.
Viendo tanta barbarie sobre la tierra –provocada por el hombre-, uno piensa mal, e inmediatamente, salta con tal rabia y te viene a la mente: ¡pues le debería pasar lo mismo!, pero luego de la frustración de no poder hacer nada, viene la calma, y te dice a tí mismo: “no debería haber dicho eso”. Frase tan a la mano “es una barbaridad”, “hay que reconocerlo”, pero cuando tú ves tanta gente que esta sufriendo sin saber por qué, y sobre todo los niños, te vienen esos pensamientos sin remediarlos.
Hay que movilizarse ya, pero para eso hay que cambiar la mente humana, hacerla menos egoísta, -“ojo”, hay muchísima gente sana, que solo quiere el bien, afortunadamente-, que se ayuden mutumente, y así empezar a notarse el cambio en el planeta.
José Manuel Pérez Braña
jueves, 20 de diciembre de 2012
¿Qué está pasando?
De todos los problemas que en toda sociedad existen queramos o no, sobresale uno tremendamente preocupante, y que se ha instalado en el País sin un motivo justificado. Nuestra sociedad nada acostumbrada a este fenómeno de la violencia, que no tiene límites y va de aquí para halla sin rumbo dejando a su paso la más terrible realidad de muerte, mal trato, y un largo etc. sin control.
Para entender los motivos de esta lacra, tenemos que partir desde el principio del gran problema en que se ha convertido.
El origen lo tenemos que buscar en el entorno familiar, - ¡ojo, con esta afirmación no se pretende meter en el mismo saco a todas, cosa muy habitual-, pero no podemos olvidar que aquí esta la raíz. Tenemos que tener muy encuenta, que tenemos en nuestras manos la educación, y de ahí parte lo bueno y lo malo.Pero pongamos dos ejemplos para analizar: Para empezar digamos, ciertamente, que el niño es como una esponja que chupa, y lo capta todo, además cosa importantísima, que ahí comienza el desarrollo del niño.
Aquí hay dos polos bien distintos entre sí, el nacimiento en una familia normal, sin más problemas que los normales, y en una familia conflictiva, que solo ha visto malos gestos en todos los sentidos. Inmediatamente en este caso, se abre una gran interrogante. No nos engañemos, el camino que cogerá este ser humano no será el más adecuado, y de ahí viene la violencia que estamos soportando, que hay que evitar a toda costa, con una buena educación, para reintegrarlo en la sociedad.
José Manuel Pérez Braña
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